PRESENTACION

Alfredo Casero es un actor, humorista, cantante, escritor y director argentino con más de 25 años de trayectoria.

Multifacético, irreverente, artista inclasificable, ha transitado todos los géneros y todos los medios, siempre auténtico, siempre distinto, siempre con su marca personalísima.


Casero nació en Avellaneda en 1962, y se crió en La Boca. Estudió en la escuela Bernardo de Irigoyen en Barracas, y luego en un internado de los Hermanos Maristas.

Siempre mostró interés en las artes y la actuación; creció en un ámbito donde se escuchaba tango, que conoció desde chico, y pronto aprendió a cantar muchos de los clásicos del género. 

Más tarde tomó clases de actuación con Norman Briski. También tomó clases con William Wilcox Horne, seminarios dictados por Darío Fó, y Pierre Tournier. Pero luego, algo determinaría el curso de su vida artística cuando descubrió el Parakultural, un sitio de culto, referente indiscutido de la escena underground de Buenos Aires. Ubicado en el tradicional barrio de San Telmo, allí floreció este movimiento cultural, y Casero fue parte activa en este proceso.

Sin perder de vista sus raíces, Casero desarrolló una carrera que abarca tanto el humor como el drama, la música, la literatura, el cine, la publicidad, y ha establecido su presencia en los medios haciendo uso de todos los recursos que le permitan expresarse artísticamente.

 


Actualmente escribe, produce, dirige y protagoniza espectáculos teatrales que se presentan en todo el territorio de Argentina, y otros países de Latinoamérica, y Europa.

Alfredo Casero tiene tres hijos (dos de ellos siguiendo sus pasos en el arte), tres nietos, y reserva tiempo para actividades en su campo en la provincia de San Luis (Argentina) y negocios de maquinaria agropecuaria.

Una precisa descripción de su arte la dio "El Mirador Cristiano", que dijo:

"Casero desgrana la energía del ambiente, de cualquier ambiente, y la dirige hacia donde va la comicidad. Rompe con lo que él mismo ha establecido, con una libertad que produce simetrías intranquilizadoras, momentos simétricos pero muy estudiados, probados. Ya sea con el público de Palma de Mallorca, Berisso o Japón, lugares donde estuvo en los recientes años.

Mezcla lo sagrado de la palabra con rituales de deconstrucción constante.

Zambulléndose siempre en lo soez, lo picaresco, el lugar por todos conocido, pero no por la visión vugar, sino que lo ensalza y lo celebra. Se para frente a la pintura que uno no para de ver, admirar y defenestrar que es el ser humano; se rinde ante lo cósmico, la belleza y el Tarot. Demuestra a cada rato la inviabilidad del ya verdadero; pero parece simplemente un chiste, o tal vez en alguna ocasión eso no se vea, y se vean caminar guanacos de la Patagonia o un mimo violador de gallinas.

Alfredo Casero no necesita ser comprendido, nace con él una nueva comprensión que rompe todas las barreras. Nadie como él hace tintinear las puteadas. Produce desesperadamente la risa y comienza en el lugar una fricción de carcajadas que crecen como el fuego. Pretender explicar semejante arquetipo de anarquía es una pérdida de tiempo. Casero lo invita a sentarse y mantenerse confuso, para recibir su arte que cambia constantemente, como todos nosotros. Y siempre para bien."